Comienza la mañana con nubes en el Valle, las previsiones no son buenas,pero somos muchos a los que no nos asustan las inclemencias del tiempo. Son las 8:45 y ya estamos esperando una pequeña cola para recoger nuestro dorsal en la plaza de Quincoces de Yuso. Mucha gente de la organización está atenta a cualquier necesidad de los participantes. Pasamos por la correspondiente mesa y nos reparten el dorsal que nos valdrá para futuras pruebas del circuito, nos dan una bolsa con unas barritas y una morcilla, y seguido pasamos a por los deseados 10 Kg. de patatas de Losa. De ahí, foto de rigor en el photocall que han preparado este año y listos para coger la bici.

Quedan 20 minutos todavía y ya empieza a situarse la gente en la salida, así que pasamos dentro de la plaza mientras el speaker da las últimas indicaciones. Suenan las motos, cuenta atrás y salimos. Pasamos por debajo del arco, y arropados por la gente que aplaude comenzamos el primer kilómetro neutralizado por el pueblo con ese cosquilleo de los nervios en las primeras pedaladas que rápido desaparece en cuanto dejamos la carretera y nos adentramos por la pista. A lo lejos vemos como los primeros se alejan cual galgos detrás de las motos por la rampa de cemento y una serpiente de ciclistas se empieza a estirar por delante y por detrás.

Vamos avanzando y giramos a la izquierda dejando la pista, y metiéndonos entre dos pinares nos encontramos un sendero que al momento nos hace olvidarnos del fresco que hacía, subidita corta pero intensa, y bajada rápida por el camino, con bastante rodera y barro, que nos lleva a otro cacho de pista. La seguimos durante un par de kilómetros y vuelta para el monte para subir por un exigente terreno hacia el mirador con unas excelentes vistas del valle desde el cresterio por el que se pasa. Repostaje rápido en el avituallamiento y para abajo por la trialera, un poco maltrecha por las lluvias de los últimos días. La superamos sin problemas y tras aprovechar el tramo siguiente para descansar un pelín las piernas llegamos a uno de los tramos nuevos, un muro de terreno roto que nos pone las piernas duras y nos hace echar pie a tierra en la curva porque con las piedras mojadas no hay tracción. Acabamos este sufrido cacho con las pulsaciones a tope y vemos que toca descender lo subido por una zona complicada, por suerte todo está bien indicado, así que con alguna precaución extra, llegamos a Villaluenga, atravesamos el pueblo, y nada más salir nos encontramos de nuevo otra novedad de esta edición. Preciosa senda estrechita que va pegada al arroyo y que nos deja justo encima de Rio, todo un acierto este nuevo tramo.

Cruzamos la pista y nos adentramos por sendero pedregoso y que pica para arriba, creo que lo hicimos montados gracias a los paisanos, que turuta en mano nos animaban a los que pasábamos por allí. Tras este paso, continuamos entre arboles subiendo, y aunque hasta este momento la lluvia había respetado, casi cuando estábamos a punto de coronar el alto empezó a caer agua y el descenso hasta el segundo avituallamiento se volvió resbaladizo. Menos mal que en la carpa estaba Ismael sartén en mano. Barritas?? Qué va!!!! Bocatita de panceta mientras nos resguardábamos un poco, eso sí que da fuerzas!

Y menos mal, porque a partir de este punto la carrera para nosotros se endureció mucho.

Cogimos el camino que lleva a Perex, en continuo ascenso, y tras el chaparrón caído con un terreno más pesado que el que nos habíamos encontrado hasta ese momento. Tras agradecer los escasos 200 metros de carretera, pista hasta llegar a la zona del ganado donde sufrimos para no echar pie a tierra por lo resbaladizo de las piedras. Y de ahí, Lobera para arriba por barro arcilloso donde parecía que no se avanzaba, ahí nos juntamos con otros dos y superamos el tramo. Pero la cosa no iba a mejor, pues la bajada hacia la pista, que habitualmente es muy llevadera, estaba complicada, la bici se paraba de la cantidad de barro y donde había pendiente la bici deslizaba para todos lados.

Sin título-2 copia

Pero bueno, llegamos a la pista y por ahí tiramos hasta la zona del hayedo, tramo nuevo también, muy chulo, pero la bajada llena de hojas estaba muy húmeda y uno delante nuestro se fue al suelo sin mayor consecuencia, seguimos tras interesarnos por él, y comenzamos a subir hacia robledo, pero tal y como estaba, mitad montados, mitad a pata. Y para colmo, por el barro, al compi no le entra el plato pequeño, bueno, mal menor. Pasamos por el cruce de Robledo, y nos adentramos en otro tramo donde sin ser casi subida, los metros se hacían interminables, pequeña bajada con el barro saltando en la cara y pista hacia el mirador, por un día se ha agradecido la pista, porque ya estamos notando que la panceta no aporta más energía. Coronamos, rellenar botellín, y para abajo por la trialera. Ojo, que ahora sí que está mal,  con la lluvia y el paso de la primera vuelta esta vez sí que la hemos bajado con mucha precaución, en principio lo difícil ya estaba hecho, no íbamos a liarla ahora. Pasada suave suave, nos disponemos a afrontar el último tramo del circuito, y sorpresa, aquello se había convertido en una piscina de barro!!! No quedaba otra que apretar los dientes, buscar la hierba de la esquina y acabar. Pasada la segunda valla, que alivio!!! Bajadita hasta Calzada, y volver por la pista hasta la carretera, lo que el año pasado me pareció terreno pestoso, en la salida de Calzada, este año parecía una autopista, así que ni que decir los últimos kilómetros de asfalto.

Así que solo quedaba felicitarnos mutuamente y cruzar meta con la satisfacción de haber sufrido y disfrutado a partes iguales.

Volveremos.