VI MARCHA BTT DEL VALLE DE LOSA

El pasado domingo 16 de Junio se celebró la sexta marcha BTT Valle de Losa, rebautizada en esta edición como Senderos de Losa, con salida y meta en el pueblo de Quincoces de Yuso, capital del Valle.

Parece que fue ayer, cuando hace seis años, varios amigos amantes de este apasionante deporte unieron sus fuerzas y conocimientos para crear una marcha BTT en el Valle. El éxito de esa primera edición tuvo sus frutos con la creación de un club ciclista que hoy día sigue empujando este evento, y que ahora, en su sexta edición, es una de las más veteranas y reconocidas del Circuito BTT Provincial de Burgos, atrayendo puntualmente a bikers tanto de Burgos como de provincias limítrofes.

La visión del Losa Club Ciclista por aportar un enfoque diferente al Circuito Provincial, generó una apuesta por el más puro BTT indómito, aventurero y explorador, primando senderos y caminos, y reduciendo a la mínima expresión los tramos de pista rápida. La BTT donde no se puede prever más allá de la siguiente pedalada. Básica. Salvaje. Y esto también se ha visto reflejado en el cambio de denominación de la prueba a una mirada más orientada a lo que el corredor se iba a encontrar. Y el fiel reflejo del acierto ha sido el impresionante apoyo que consiguió desde la apertura de inscripciones, logrando el mayor volumen de ciclistas en su ya dilatada carrera y colgando el cartel de no hay billetes. Si esto se le suma una climatología inmejorable, el éxito estaba asegurado. 350 amantes de los pedales se dieron cita en Quincoces de Yuso.

El tremendo reto que esto significaba para la organización no fue más que un acicate para el Losa Club Ciclista, que un año más sigue liderando la intachable gestión que hace de esta carrera. En este ejercicio se han mantenido los cambios producidos en el año anterior –con leves mejoras recogidas de las opiniones vertidas por los aficionados tanto en anteriores ediciones como por las redes sociales-, focalizándose más si cabe en este nuevo modelo que huye de las pistas anchas y da rienda suelta al instinto primitivo de aventura del biker. Esta autenticidad que esconde esta fantástica localización al Norte de Burgos y que es tan desconocida. No es de extrañar tal resultado, sabiendo positivamente que esta marcha es sinónimo de profesionalidad, que el Valle iba a lucir sus mejores galas, y que la entrega tanto de voluntarios como de aficionados es total. Y es que en la Marcha BTT Valle de Losa siempre invita a repetir.

Y como no todo es dar pedales, y pensando en la conciliación familiar de los participantes, un año más, se colocó un parque infantil en la meta con castillos hinchables. Además, y para que pudieran acudir deportistas de todos los niveles, se ofrecía tanto una marcha larga como una corta y que cada uno pudiera decidir en función de sus fuerzas durante el recorrido. No había excusas para no acudir, y en eso se basa la excelente aceptación en el mundillo cicloturista.

La mañana amaneció fría, pero completamente despejada, se adivinaba una excelente jornada. Se sentía en el entorno lo especial del día, el aroma del aceite en la transmisión, el ruido de los ajustes de última hora, los chasquidos de las calas. Hoy va a ser un gran día, comentaban entre bambalinas. Y ya desde muy primera hora, comenzaba a sonar la música, ondeando las banderas del circuito, levantándose el arco de meta…. el

perfume de la competición se respiraba en el ambiente. Uno a uno los participantes iban recogiendo el dorsal (los que no tenían dorsal único) así como el obsequio. Y vaya obsequio, el clásico saco de 10kg de patata Losina y una morcilla típica del pueblo, inmortalizados en un photo call preparado especialmente para el momento. Añadido a esto, también incluía barritas, flyers y el GPS de localización. Aunque el que más atractivo generó fue la pegatina con el perfil de la prueba que se entregaba para colocar en la potencia de las máquinas. Los watios comenzaban a subir….

Tras finalizar la recogida de dorsales -que se alargó debido al gran volumen de ciclistas- y ya con público en la salida, a las 9:35h llego el momento del lanzamiento de la carrera. Flotaba en el entorno el recuerdo imborrable de Javi Mazo –cuyo maillot permaneció hondeando al viento en el arco de meta-, y con la música de Juego de Tronos, el Speaker comenzó la cuenta atrás mientras un drone iba inmortalizando la estampa.

Y por fin arrancó. Sin tiempo para los nervios. Sin tiempo para las dudas. Solo la sensación de sentirse inundado por un manantial de adrenalina que solo pedía una cosa: ha llegado la hora de los pedales.

Tras un km neutralizado por carretera, la carrera se lanzó en la pista internándose en la sierra de Losa. El pelotón iba bordeando el valle en una alargada serpiente multicolor que era visible desde todos los pueblos y montes de los alrededores. Y es que la imagen de todos los ciclistas entre campos verdes es una estampa de inigualable belleza.

Enseguida comenzó la primera ascensión puntuable del día, la subida al Hayedo. Esta subida, por una pista muy tendida está pensada para permitir a todos los participantes buscar su posición y ubicarse en la prueba. Como todas las subidas categorizadas, estaban segmentadas en la famosa app Strava, señalizadas durante el recorrido para que el biker que quisiera –y pudiera- tuviera la oportunidad de luchar contra el crono en busca de lograr el KOM. Y vaya que si se buscó, porque tan pronto como comenzó el puerto, se hizo una profunda selección, con un grupo de mucho nivel en cabeza que pronto hizo diferencias. Y más cuando entró en la trialera del Guarda, subida muy técnica y potente, pero aderezado con un público que, armado con cencerros y palos, contagiaron el ánimo a todos los participantes que dieron lo mejor de sí mismos por superarla sin poner pie a tierra, y finalizando en un hermoso hayedo que obligó a tirar de habilidad y destreza para cruzarlo a lomos de nuestras bicicletas.

La complejidad de este paso obligó a muchos participantes a superarlo andando, produciéndose pequeños parones en el pelotón. Pero a ninguno se le desdibujó la sonrisa y las muescas de satisfacción de tan insólito paraje, mucho más cuando tras ello tenían una bajada rápida muy técnica donde los especialistas del descenso dieron muestras de su calidad.

Comenzaba entonces la clásica subida al Alto del Guarda, otra indómita senda, de amplia vegetación y cerrado espesura, que invitaba a parar y disfrutar de la naturaleza. Pero para entonces, los primeros espadas ya estaban posicionados, haciendo una sobresaliente ascensión. Todos y cada uno de los participantes disfrutaron de esta hermosísima subida, serpenteando la montaña, pasando de esplendidas vistas a inmersiones en el bosque, entre hayas, pinos y robles, coronando en el alto, donde esperaba impaciente el descenso por la senda del Guarda, bajada para habilidosos,

sinuosa, rápida y sobretodo muy divertida, que es uno de los descensos más comentando por los ciclistas.

La marcha continuó descendiendo hasta llegar al Campamento, en Río de Losa. Otro exigente puerto -donde se ubicaba el desvío a la marcha corta- por un camino más ancho, llevaba a los bikers súbitamente a un desvió donde surgía de la nada un singletrack extraordinario: la senda de Perex. Hipnotizador sendero que exigía detalles técnicos y de pericia sobre las dos ruedas pero que hizo deleitarse a quien más quien menos por lo sombrío y espectral del mismo, oculto entre el bosquejo y pudiendo rodar a una gran velocidad para acabar al avituallamiento.

Avituallamiento de obligado cumplimiento: con barritas, fruta, dulce, pero también con una parrilla donde se iba asando panceta, morcilla, chorizo…. Normal que a alguno se le indigestara la rompepiernas del chorro, subida tremenda por su dureza que hizo retorcerse hasta el más hábil de los bikers. Sin duda la ascensión de mayor categoría del recorrido. Y a partir de ahí la marcha continuó a un ritmo frenético dirección Villaluenga, discurriendo por un estrecho y delicado sendero, propiciando bonitos momentos del más puro BTT, y enlazando con otro de los muros de la prueba: Villalmuur, una auténtica pared flanqueada por aficionados que empujaban al corredor hasta la entrada a una estrecha senda, muy encajada en la frondosidad, y que salía a la Subida del Páramo, otro de los puertos catalogados, éste más tendido, pero de una atractivo mágico. Sugerente. Seductor. Un sinfín de sensaciones que hacía que la batalla personal del biker contra la fatiga se retrasara. Este es un deporte de sufridores. De luchas interiores.

Prosiguieron los participantes cruzando la espesura, bordeando simas y enfilando la última ascensión del día: Robredo Forest: probablemente el sendero más encerrado de toda la marcha, zigzagueante entre los helechos, fundiéndose e inundándose de un frescor vitalizante, acariciando el tren inferior, cosquilleando, masajeando, susurrando al oído del ciclista que hoy no es día para calambres, que había que pedalear con más ahínco. Este ha sido uno de los segmentos más comentados en línea de meta.

Muriendo el sendero en un bosque custodiado por hayas y castaños, se salía a una plácida campa por la que tras un rápido descenso – que permitía a los ciclistas que tomaran un respiro- se afrontaban los últimos kilómetros antes de la meta. Una suave ascensión al Castro –a estas alturas de la carrera, pocas ascensiones son suaves-, bordeando la montaña y con unas fantásticas vistas de todos los montes que rodean al valle, que invitaban a deleitarse con semejante panorámica.

Y es que el monte también quería participar de esta jornada y lució sus mejores galas. Y eso se nota y se respeta. Todos los participantes acataron el reglamento de la marcha que prohíbe arrojar basura u objetos fuera de los lugares establecidos, guardándose en el maillot los envoltorios o lanzándoselos a los voluntarios distribuidos por el recorrido. De igual manera, el Losa Club Ciclista, se encargó tanto de limpiarlo como de repasar el cierre de todas las cancelas una vez finalizado el evento. Una máxima de este tipo de marchas es que genere el mínimo impacto a la naturaleza.

De ahí a la llegada apenas quedaban 3km compartidos entre sendas y caminos, saboreando los últimos retazos de la marcha, y entrando en meta para relamerse , como

ya viene siendo habitual, de un avituallamiento con acompañamiento de un grifo de cerveza y choripanes típicos de la zona.

El más rápido de la prueba, lo hizo con un tiempo de 2h07min, entrando prácticamente a la par del segundo clasificado. El resto de participantes fueron llegando en un goteo incesante, mientras el speaker les entrevistaba a pie de meta, y se iban haciendo los sorteos de todos los regalos que los patrocinadores y colaboradores habían aportado. Tras la entrega de trofeos por parte la alcaldesa pedánea, se cerró la marcha alrededor de las 14:20 con la entrada del último ganador. Y es que en esta marcha todos los bikers ganan.